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Vida

Me llamo Tuesday Vander Weide. Soy representante técnica de Atención al Cliente para productos RockShox. Tengo la oportunidad de relacionarme con nuestros ciclistas a diario, y les ayudo a entender, reparar, ajustar y comprar productos RockShox. Para mí es un sueño, y me encantaría compartir el camino que me ha traído hasta aquí.

(insertar elemento brillante que desaparece con música heavy metal)

Al crecer en una pequeña ciudad del Medio Oeste, no teníamos mucho. Las organizaciones benéficas nos daban zapatos y material escolar. Comíamos gracias a los almuerzos escolares, los programas de verano y los cupones de alimentos. Aunque éramos una familia desestructurada, me sentía querida. Aun así, estuve expuesta a violencia, consumo de drogas y alcohol, abandono, promesas rotas y mudanzas constantes. A una edad temprana, aprendí a interpretar cada situación y adaptarme al momento, siempre preparada para lo que pudiera ocurrir.

Cuando teníamos la suerte de quedarnos durante algún tiempo en un lugar, hacíamos amigos. La primera vez que salimos de nuestra calle sin salida con nuestras bicicletas de marca blanca viejas y oxidadas y pedaleamos por el carril asfaltado de la ciudad mi visión del mundo se amplió drásticamente. Vi algo que me pareció una cascada (y resultó ser un dique) y mucho espacio abierto. Estar al sol, rodeada de risas y amistad me hizo sentir verdadera paz. Ese día aprendí cómo podía ser la vida si no tuviera que estar siempre alerta.

Cuando tuve mi primera bici, me había independizado oficialmente, aunque era demasiado joven para firmar un contrato de alquiler, y conducía un coche al que le faltaba la marcha atrás. Era una Columbia Sports Tourist. Acero, verde azulado y guardabarros cromados. Cuando mi coche dijo basta, se convirtió en mi medio de transporte diario. Recorría la ciudad en bici, pasaba por los cajeros para coches y jugaba a recoger la compra cuando me daba cuenta de que se me había caído de la bolsa. Los inviernos en el Medio Oeste son duros, pero yo también lo era. Aunque esto era diferente. En lugar de sufrir, me sentía capaz e independiente. Los desplazamientos diarios me demostraron que no todas las cosas difíciles eran malas. Y lo más importante de todo, me devolvió la misma paz que había sentido cuando era una niña. Encima de la bicicleta, por fin podía estar presente. No tenía que cambiar para adaptarme a la situación; yo tenía el control.

short poem and photos of Tuesday Vander Weide early in her life

Mi amor por el ciclismo me llevó a comprarme mi primera bicicleta. Oficialmente, lo más bonito y caro que había tenido nunca. Quería aprender a cuidarla, así que pedí trabajo en la tienda de mi ciudad. Durante la entrevista, transmití lo que disfrutaba montando en bicicleta, mi curiosidad y las ganas que tenía de reconstruir mi Columbia verde azulada. Cuando me ofrecieron el trabajo, para mi sorpresa, no era para ventas generales sino para un puesto de mecánico. Me reí y dije: “No querrás que sea mecánica”, sin darme cuenta de que esa persona había visto algo en mí que yo no había visto: inteligencia, curiosidad, aptitud y, al parecer, una mecánica de bicicletas.

Trabajé ocho años en esa tienda de bicicletas, donde fui creciendo desde el montaje básico hasta el mantenimiento y las ventas y, finalmente, puse en marcha y gestioné mi propia tienda. Investigaba los misteriosos chasquidos y chirridos de los clientes, tenía días largos e inventarios aún más largos, pero disfrutaba de cada minuto. En esa tienda conocí a mi marido, hice amistades de por vida e incluso vi a sus hijos dar sus primeras pedaladas. Me apunté a mi primer equipo ciclista y mi familia venía a animarme. A través de la tienda organizaba eventos, cursos de mantenimiento y salidas en grupo. Más tarde seguí por mi cuenta como embajadora de Juliana Ride y me asocié con una empresa de nutrición, que me ayudó a conectar aún más con mi comunidad, lo que me llevó a aparecer en pódcasts, noticias y revistas locales. Todos los días tenía la oportunidad de compartir aquello que me había salvado y que había transformado mi vida: ¡las bicicletas!

Photos showing Tuesday exploring the world on a bike

Sigo eligiendo esta carrera cada día porque me permite enseñar habilidades que generan independencia en quienes aún no la tienen. Es un honor continuar con el trabajo de quienes estuvieron antes que yo, y espero allanar un poco el terreno para quienes vengan después. A lo largo del camino, he conocido grupos que realizan un trabajo real sobre el terreno: ayudando, enseñando, compartiendo e impulsando el cambio, a menudo sin el reconocimiento que merecen. Guarina López, de The Indigenous Cycling Collective, trabaja constantemente para promover el cambio en las comunidades indígenas y arrojar luz sobre la verdadera historia. El equipo de The Silver Stallion enseña a los jóvenes habilidades de mantenimiento y, por último, Kyle Mesteth y su equipo apoyan a Lakota Skateboarding.

imageof Tuesday smiling after a bike ride

El ciclismo es único porque puede ser lo que necesites: competición o diversión, alivio del dolor físico o emocional, un trabajo estable, un trampolín o un momento que cambia la vida de alguien. Para mí, se convirtió en una verdadera profesión. Gracias a que alguien me dio una oportunidad, aprendí el significado de la responsabilidad, la integridad y la rendición de cuentas, y he desarrollado un profundo amor por lo que puedo hacer con mis habilidades. Esa base me llevó al trabajo de mis sueños en SRAM. Estoy increíblemente agradecida de formar parte de una empresa que cree en este trabajo y me respeta como mujer en el sector. En Atención al Cliente hablo con gente todos los días mientras están de ruta, y me ha permitido construir la estabilidad y la seguridad que la pequeña Tuesday necesitaba, lo que significa todo para mí. Con funciones como Atención al Cliente y Atención al Distribuidor, SRAM está creando oportunidades reales para que la gente encuentre un lugar como este.

El ciclismo cambia vidas (lo sé porque cambió la mía) y es importante que recordemos lo poderosa que puede ser una bicicleta para cualquier persona. Podemos enumerar un millón de razones por las que el ciclismo es bueno: para las personas, las comunidades, los presupuestos municipales e incluso la imagen pública. Podríamos encontrar infinitas opiniones sobre la cultura que lo rodea. Para mí, lo más importante es que cuando compartes el ciclismo con una persona, no solo compartes una bicicleta, sino que estás dando una oportunidad. Regalas libertad, movilidad, habilidades prácticas y conocimientos. Esas cosas pueden abrir puertas a un futuro más amplio de lo que alguien podría haber imaginado. Y si todos hacemos eso, realmente creo que podemos cambiar el mundo.

Fotografías y vídeos cortesía de Dennis Timmerman, de 605 Video Company

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Este es My Path, My Ride, es una serie que rinde homenaje a dónde hemos estado, cómo hemos avanzado y los viajes que nos han traído hasta aquí. Al compartir estos viajes, estamos creando un espacio para la conexión, la comprensión y un sentido más profundo de quiénes somos como colectivo.

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