Bloqueo de la rueda trasera.
Este escenario tiene dos elementos clave: la posición del ciclista y lo que ocurre en la rueda trasera. Como en toda buena historia, al final todo saldrá bien.
Escenario: Al frenar bruscamente en terrenos irregulares, el ciclista que utiliza tanto el freno delantero como el trasero suele inclinarse hacia delante sobre la bicicleta debido a la desaceleración, lo cual provoca que se desplace más peso hacia el pedal delantero.
En la rueda trasera, frenar durante un descenso puede provocar que la rueda se bloquee al rebotar contra el suelo. En este caso, es importante tener en cuenta que la potencia de frenado no es suficiente para que el neumático derrape por completo de forma continua (estamos controlando la velocidad, no deteniéndonos por completo). En cambio, la rueda deja de girar mientras está separada del suelo y vuelve a rodar cuando vuelve a entrar en contacto con el suelo, mientras el ciclista sigue avanzando.
¿Qué está pasando? Cuando la rueda trasera está separada del suelo y bloqueada por el frenado, el cassette y la cadena se bloquean con ella; la transmisión no ofrece ninguna holgura. Al mismo tiempo, el peso del ciclista se desplaza hacia delante, ejerce presión sobre los pedales y genera fuerzas opuestas que transmiten una sensación de retroalimentación directamente a través de los pedales hasta los pies.
Imagínatelo como si estuvieras saltando en un trampolín que, de repente, se convierte en piedra en pleno salto: todo el impulso que llevabas se redirige bruscamente hacia tus pies. Aunque se trata de un ejemplo extremo, incluso a menor escala, el impacto es cuantificable. Una vez más, se trata de una situación habitual que habrás notado al circular por terrenos accidentados, al pasar por baches, etc., pero probablemente no te diste cuenta de que era eso lo que sentías.